Jacinto me quería consolar, me abrazaba, me besaba, pero yo no podía dejar de llorar, me sentía tan culpable por estar con alguien que a mi mejor amiga le gustaba, me sentía tan culpable por no haberle preguntado a ella si estaba de acuerdo con esta relación, ella era mucho mas importante que Jacinto, obvio que lo era, porque como siempre dice mi mamá, “los amigos son para siempre, los novios no”. Y es verdad, porque perder a un amigo no es lo mismo que un novio, los novios se cambian siempre, en cambio los amigos verdaderos no, no puedo cambiar a Ángela por el noviazgo con Jacinto, prefería no estar con él que separarme de mi mejor amiga. Pero no tenía fuerzas suficientes para terminar con la relación que llevaba con Jacinto, él es mi vida, no puedo estar sin él, no lo quiero ni pensar, pero tenia que elegir, o Ángela o Jacinto. Tengo que tomar una decisión y ya, ¿pero que es lo mejor? ¿Mi amiga o la hermosa relación y amor que tengo con Jacinto? Mi amiga. Tome mucho aire, y un poco de valor, tenia que hacerlo ahora. Cuando abrí la boca para decirle no pude, comencé a llorar, no podía era muy duro para mi.
-Mi amor-dije llorando-sabes que te amo y que sos mi vida, pero – no pude hablar más, se me rompió la voz
-¿Pero que mi amor?- me preguntó desesperado-¿Pero que?- me volvió a preguntar más nervioso
-Pero no podemos llevar nuestra relación a más-le contesté y luego de eso no pude hablar más, comencé a llorar cada vez más fuerte, lo abrase, le di un beso, lo mire por ultima vez y me fui corriendo a algún lugar donde pueda pensar, donde pueda llorar sin que me vean, a un lugar sola.
Salí corriendo de la casa, pensando en la cara de Jacinto, tenía un profundo dolor por mis palabras, y se le comenzaban a llenar los ojos de lágrimas, yo no quería esto, pero era mi única opción, no quería perder a mi amiga Ángela por nada en el mundo.
Corrí y corrí hasta el parque principal, me metí por el medio, hasta que llegue a una especie de cascada, me senté a uno de los costados, puse mi cara entre las piernas y comencé a llorar, no paraba de llorar, no podía creer lo que había echo, no podía creer que había perdido a mi amor, no lo podía creer. No era lo suficiente fuerte para perderlo ni a él, ni a ella, no podía perderlo a ninguno de los dos, pero lo tenia que hacer.
Cuando llegué a la casa, ya se habían ido todos, solo quedaba Jacinto, que estaba recostado en mi cama, que cuando entre a la habitación, me miró, tenia toda la cara roja y los ojos cansados de llorar, ¿estaba llorando? No por dios no quería ver eso, me di la vuelta decidida a irme de esa habitación.
-No espera-me dijo Jacinto- necesito hablar con vos
Me di la vuelta no muy decidida y lo mire, ya estaba a punto de llorar otra vez, yo siempre tan sensible, no se me daba mucho este tema amoroso.
-¿Por qué?- me preguntó
-Perdón Jacinto, no puedo- le contesté ya a punto del llanto
-¿No podes qué?- me preguntó él también casi al llanto
-No puedo estar con vos-admití- no quiero perderte, pero tampoco quiero perder a Ángela- le contesté y comencé a llorar
-¿Ángela? ¿Qué tiene que ver Ángela en esto?- me preguntó el llorando también
-Es mi amiga Jacinto, no puedo hacerle esto- le dije y me tire al piso, no tenia fuerzas ni para sostenerme de pie, el llanto me sacaba las energías para vivir.
Sentí sus brazos alrededor de mi cuerpo, sentí su llanto en mi oído, sentí su corazón a punto de un colapso, sentí que mi mundo se venia abajo, sentí que moría ahí, sentí que ya no tenia fuerzas para vivir, sinceramente yo no quería vivir más, sin él no. Me levante llorando y corrí hacia abajo, no lo quería ver, no quería sufrir por él, no quería verlo sufrir, no quería hacer nada. Cuando baje las escaleras para la planta baja, me encontré con Ángela, y no hice más que tirarme a sus brazos y llorar, ella no entendía nada, pero me abrazaba y me preguntaba que pasaba, porque estaba así, pero yo no paraba de llorar, no podía dejar de llorar, recordaba la cara de Jacinto y no podía, sentía un dolor inexplicable, un dolor que me mataba interiormente, un dolor que no quería sentir, pero que lo sentía.
-Acabo de hacer algo que me duele, y me duele, me rompe el alma, pero no me importa, todo por nuestra amistad- le dije a Ángela
-¿Qué hiciste?- me pregunté desesperada ella
-Termine mi relación con Jacinto-le dije llorando, y ella no me contestó pero me abrazo más fuerte.
Esa tarde la pase con Ángela, me llevo de compras. Nos compramos unos vestidos, y unos tacos. Cuando volvimos a la casa ya de noche, directamente me fui a mi habitación, cuando pase por la de Jacinto, percaté que él estaba en la cama pero no le di importancia. Me acosté no tenia hambre, pero estaba muy cansada, apenas cerré los ojos me dormí.
Al otro día me levante y estaba oscuro todavía, estaban prendidas las luces de la calle, seguro era madrugada, busqué mi celular en los bolsillos de mi short, me fijé la hora. ¿Qué? ¿Había dormido todo un día? Mi celular decía que era Lunes y ya eran las 20:30hs, se notaba que estaba cansada, ¿Qué persona normal duerme 24hs seguidas? Solo yo.
Necesitaba un baño con agua caliente, y también algo para tomar ya que tenia la garganta seca, también necesitaba algo de glucosa para recuperar energías. Cuando baje a la cocina me encontré con Ángela, Pablo y Jacinto, todos me miraron, Jacinto triste, Pablo sorprendido y Ángela con una expresión rara, no la pude entender. No les di mucha importancia y me prepare una sopa de arroz, cuando terminé me preparé una bandeja, con un baso de agua, la sopa y me fui para arriba, me senté en el living a ver TV mientras comía mi rica sopa, que me había olvidado de ponerle un poco de sal, así que tuve que bajar a buscarla…Cuando estaba bajando Jacinto estaba subiendo, le pase por alado, ni lo mire, me dolió hacerlo, pero sabia que si lo miraba no me iba a resistir e iba a comenzar a llorar de nuevo. Busqué la sal en el mueble del comedor, donde se encontraba Ángela y Pablo abrazados mirando la TV, ¿Por qué ellos podían estar bien y Jacinto y yo no? Por un instante odie a mi mejor amiga, pero después me comencé a odiar a mi misma otras vez por lo que le había echo a ella, y por lo que le había echo a Jacinto. Subí con la sal en mano y le puse un poquito a mi sopa, encontré en la TV una película, que por supuesto no le di importancia, no solo porque si me quedaba mirándola me iba a volcar toda la sopa encima, si no porque no me podía concentrar en nada.
Pasaron dos semanas y todavía no había hablado ni con Jacinto, ni con Ángela, ahora el único amigo que tenia, que me hablaba, y que me hacia reír cada tanto era Pablo, que no se juntaba mucho con su novia y no entendía porque, ya le había preguntado en una ocasión pero me dijo que estaba un poco en su mundo y que no le daba importancia a nadie, por un momento pensé que ese mundo podría ser con Jacinto, pero elimine esa opción para no sentirme mal. Él no comprendía que yo había dejado a Jacinto, varias veces me saco el tema, pero como yo comenzaba a llorar, él me cambiaba de inmediato de tema y hablábamos de la academia, que como ser la segunda y tercera semana ya habíamos comenzado con las clases, con las verdaderas clases, ya había tenido un diagnostico de Geografía, que como ya tenia mucho tiempo libre, me había sacado un excelente, si no me pasaba el día con Pablo, lo pasaba estudiando y haciendo tareas. Para las clases nos habían mezclado, y habíamos quedado Jacinto, Pablo y yo de un lado, Ángela del otro con su nuevo admirador secreto Joaquín, que eso lo sabia porque me lo había contado él en una ocasión. Nos hacían sentar de a dos, yo me sentaba con mi nuevo amigo Pablo delante de todo y Jacinto se sentaba con una chica detrás de todo, lo veía muy contento con ella, se reían siempre en todas las clases, y ya ni nos mirábamos, va yo lo miraba a él pero él a mi no. Por un lado me dolía que este con esa chica tan bien, y por otro me hacia sentir mejor, por lo menos no estaba sufriendo como yo. Lo que no entendía es porque Ángela no me dirigía la palabra, yo había dejado a mi novio para no perderla a ella, y termine perdiendo a los dos, eso me hacia sentir peor.
Y sobre mis amigos Santafesinos, todos sabían de lo ocurrido y Sofía me llamaba todas las noches para saber como estaba, me hacia reír un rato, me contaba de las cosas que pasaba allá en Santa Fe y me preguntaba si quería visitas el fin de semanas, yo siempre le decía que estaba mejor, me reía de las cosas que hacían allá y siempre le decía que por ahora no quería visitas. Generalmente cuando terminábamos de charlar, me dormía.
Había hablado con mi madre, le tuve que contar todo lo ocurrido, ella estaba igual que yo, estaba triste, pero me decía que siga mi vida, que soy una mujer independiente, que no necesito a ningún chico a mi lado, que yo sola puedo todo, con eso intentaba levantarme el autoestima, lo logro pero muy poco. Habíamos hablado de mi cumpleaños, faltaba solo una semana y esta vez no tenia ni ganas de festejar, ya le había avisados a todos, se quejaban pero me terminaban diciendo que no importaba. Valentín me había llamado para ver como estaba, porque se había enterado, yo le conté toda la historia y el me dijo que lo sentía mucho, me contó también que estaba de novio con Victoria, una chica que había conocido en la facultad y que justo se había sentado a su lado, yo me alegré mucho por él, ese día recupere su amistad, estaba muy contenta, obvio hasta que me acorde de todo lo que estaba viviendo en ese momento.
Ya estaba comenzando a superar que Jacinto no estaba a mi lado, y me estaba acostumbrando al dolor de todos los días, al sentimiento de perdida y al dolor interno, ya se estaba formando parte de mi ser. Cuando lo veía a Jacinto, ya no me daban ganas de llorar pero igual sentía dolor, siempre lo escuchaba hablando por las noches en sus sueños, que eso era nuevo en él, después de lo sucedido ya hace dos semanas comenzó a hablar todas las noches, hablaba de mi, hablaba de Ángela, gritaba enojado el nombre de Pablo y hablaba de su compañera de banco. Nunca había podido escuchar bien lo que decía de mí o lo que decía de Ángela, ya que hablaba rápido y confuso, solo entendía mi nombre y el de ella. Con respecto a Ángela, como no estaba en la misma clase que nosotros tres se pasaba el día afuera, en la casa de sus nuevas amigas, estudiando o haciendo tareas o de compras, y demás, y el tiempo que estaba en la casa se la pasaba mimando a Pablo.
Uno de esos días en el que bajaba a la cocina me encontré con Ángela, estaba lavando los platos del mediodía, que como de costumbre no comía con ellos.
-Hola Ánge- le salude esperando que se de el milagro de que ella me saludara a mi
-Hola Fla, ¿Cómo te sentís el día de hoy?- me preguntó sin mirarme
-Mejor, amiga ¿Por qué ya ni me hablas?-le pregunté, quería respuestas y algún día me las tenia que dar
-Me siento culpable por todo lo que estas pasando-me dijo
-¿Por qué?- le pregunté- Si soy yo la que hizo todo mal
-No Flavia, ves que no entendes-me gritó y salio corriendo a su cuarto
No entendía nada, ¿a que se refería? ¿Por qué todo el mundo me hablaba de cosas que no entendía? Yo solo quiero volver todo a la normalidad, quiero volver el tiempo atrás a cuando todo era lindo y feliz, cuando nadie era novio de nadie, cuando no me había dado cuenta de que Jacinto era mi vida y cuando Jacinto salía con ella, pensar eso me dolió, pensar que Jacinto en un momento fue de mi amiga y yo se lo saque me volvió a doler, a doler el corazón y el alma, fue el dolor que ya me había acostumbrado, pero que ahora era mucho mas fuerte y no lo podía soportar. Decidí ir a escuchar música a mi habitación, eso era lo único que me levantaba el animo y me relajaba, me hacia liberarme y no pensar en nada.
Esa misma noche recuerdo Sofía me llamo para charlar un rato como todas las noches, pero con una nueva noticia, una noticia que me lleno de alegría y emoción, una noticia que me hizo olvidarme de todas mis preocupaciones y mis problemas, una noticia que me hizo llorar de la alegría, saltar y gritar.
-Te tengo que contar algo muy importante-me dijo mi amiga
-¿Qué paso?-le pregunté
-Pedro me pidió matrimonio, dentro de dos meses me caso- me dijo a los gritos
-¿Qué?- le pregunté no lo podría creer
-Me caso Flavia, me caso en dos meses-me grito llorando de la emoción
-Hay Felicitaciones, hay me muero de la emoción, que buena noticia, hay no lo puedo creer- le contesté llorando de la alegría, esa alegría que ella me contagiaba siempre, esa hermosa sonrisa que me sacaba siempre, como la adoraba y ahora estaba por llegar el mejor día de su vida y yo iba a estar presente.
-Queremos que seas nuestra dama de honor- me dijo Sofía llorando todavía
No le pude contestar porque comencé a reírme, a llorar de la alegría.
-Gracias, gracias amiga- le dije
Y estuvimos charlando y charlando, ella me contó de la reacción de los padres, de donde lo iba a festejar, de los salones que estuvieron viendo, de la iglesia, del vestido, del anillo y de todas esas hermosas cosas de un casamiento.
Cuando dejamos de charlar estaba tan contenta y llena de adrenalina que no me podía dormir, decidí ir a prepararme una chocolateada, baje saltando y sonriendo, cantando y dando vueltas, todos que estaban en el comedor me miraron extrañados.
-¿Qué pasa Flavia?-me preguntó mi amigo Pablo
-Tengo un casamiento dentro de dos meses-contesté muy contenta
-¿De quien?- me volvió a preguntar
-De Pedro y Sofía- le contesté sonriendo
Estaba tan encimada en la felicidad de ellos, que ni siquiera vi que estaban organizando algo ellos, va en realidad si lo vi, pero no le di importancia.
Esa misma noche llamé a mi madre para contarle de la noticia, ella quería a Sofía como una hija más, la adoraba y cuando se entero comenzó a llorar de la alegría, estábamos llorando y preparando cosas para ese día, como si fuera mi casamiento, ella iba a estar invitada lo sabíamos porque Sofía decía que era como su madre, arreglamos para otro día ir de compras y buscar un lindo regalo para los chicos, y para comprar los vestidos y zapatos. Por fin iba a tener algo con que entretenerme y no estar pensando tanto en el sufrimiento que todavía sentía por dentro, por Jacinto.
domingo, 29 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



No hay comentarios:
Publicar un comentario