Abrí mis ojos y prácticamente sentí que los nervios se apoderaban de mí. Si no hubiera sido porque era muy temprano y tenia a Flavia abrazando mi pecho habría saltado y gritado como un nene que esta muy nervioso por algo. Hoy no solo era el primer día de academia si no que también cumplía un año de novio con Flavia, con el amor de mi vida, mi única esperanza y manera de llevar mi vida adelante. Ella últimamente era lo único que me importaba, ya ni a mis padres llamaba. Ellos me tenían que llamar a mí. Ellos sabían perfectamente lo que estaba por hacer, estaban muy contentos y nerviosos al mismo tiempo, igual que los padres que Flavia. Parecía que todo el mundo estaba más alterado que yo, pero era imposible, era yo él que tenia que decir todo y aceptar cualquier respuesta. Había planeado toda una rutina el día de hoy. Iba a hacerle creer que me había olvidado de nuestro aniversario a Flavia, y por supuesto iríamos al instituto pensando solo que ese era la alegría del día. Sabría que no me lo perdonaría rápido, pero era lo que yo le quería regalar. Ángela la convencería para salir ala noche, por lo que estar vestida adecuadamente lo iba a estar, solo que no se esperaba que Ángela la llevaría a un barco donde la estaría esperando. Donde pasaríamos la noche, donde le haría la más preciada pregunta. Que hace meses retumbaba en mi cabeza. Yo solo quería que llegase la noche, mis nervios me iban a delatar antes de tiempo. No lo tendría que permitir. Ella no tenia que saber nada.
Me levanté sigilosamente de la cama así ella no se despertaba, pero obviamente fracasé.
-Amor- me miró sonriente
-Hola cariño, me voy a vestir, tenemos academia dentro de una hora- contesté intentando no mostrar mis nervios y parecer que me había olvidado lo que ella esperara que diga. Me miró con mala cara y asintió. Su alborotada cabellera me daba gracia, era hermosa hasta cuando se despertaba. Bajé corriendo y me puse unos jeans con una camisa simple celeste. Pase por el baño y me peine, en realidad, me puse un gorro, tipo boina, y bajé a preparar el desayuno. Pedro ya estaba despierto haciendo lo mismo que estaba por hacer yo y Ángela estaba mirando la televisión. Pedro me guiñó el ojo y se acercó a Ángela, a quien le dio la taza que había terminado de preparar y le dijo algo al odio. Supuse que le decía que recuerde de parecer que hoy no va a pasar nada, pues a ella se le hacia muy mal mentirle a su amiga. Cuando terminé de hacer las dos tazas de chocolates escuché como Flavia bajaba las escaleras. Estaba con un pantalón rosado cortito y una remera que casi le tapaba todo el pantalón. Se había echo dos trenzas y se había puesto delineador en los ojos, muy común de ella. Era obsesionada por sus ojos, no había día que no los delineaba para que se noten los grises azulados que eran. Era realmente preciosa, y solo mía.
Sonriente se acercó a mí y me dio un beso en los labios. Le alcancé si chocolatada y nos sentamos a un costado de Ángela y Pedro. Nos quedamos mirando la televisión hasta que se hizo la hora de ir al instituto, que si no fuera porque Flavia me avisó no me habría ni enterado. Salimos en el auto de Pedro, ya que sin que Flavia sepa en la mitad de clases yo me iría a organizar lo del barco. Y volvería justo para cuando den por finalizada las clases. Por suerte las primeras eran de fotógrafos separados de modelos, porque si no estaría al horno.
Las primeras clases recorrieron tan lentas que sentí que el reloj se había parado apropósito. Apenas toco el timbre de media mañana, firmé para retirarme y salí casi corriendo hasta la casa. Me metí en la camioneta y lo más rápido que pude me dirigí en donde iba a alquilar la lancha y el barco, “Un paseo por la laguna”. Apenas vi el cartel me puse más nervioso de lo que estaba. No me imaginaba en el momento que le pediría matrimonio como estaría. Estacioné en un lugar vacío que había justo al lado de un enorme camión. Bajé y camine a la recepción.
-Hola ¿en que puedo ayudarlo?- preguntó una mujer de detrás de un escritorio
-Bueno yo tengo reservado un barco para ahora y una lancha para la noche- contesté
-Haver espere- ella se puso a teclear en la computadora- ¿Nombre?- preguntó
-Jacinto Losqt –contesté
-Si aquí- tomó una llave de un cajón y me la tendió- esta en el dique 5- sonrió y yo a ella antes de salir casi corriendo. Busqué en mi camioneta los manteles, las sabanas, las flores, las luces y todas las cosas que tenia preparado. Casi corrí con todas las cosas en bolsas al dique 5 y subí al barco. Era de un blanco escarlata hermoso. Entré a la camina de las camas y le puse a las dos camas unas sabanas. Luego subí a la parte de atrás, donde comeríamos y preparé la mesa con el mantel. Puse todas rosas en el piso alrededor de la mesa y luego me fui al instituto.
Llegué justo para cuando sonó el timbre de salida. Y Flavio hermosa como siempre salía caminando de la clase hablando con Joaquín. Su nuevo mejor amigo. La salude con un beso y ella otra vez se quedo esperando que le dijera algo por nuestro cumple año. Pero no lo hice y ella me miro de mala gana.
-¿Te pasa algo cariño?-pregunté.
-¿Qué día es hoy?- preguntó
- El primer día de clases- sonreí y ella puso mala cara.
-¿Te olvidaste?- preguntó
-¿De que?- pregunté y justó llegó Pedro para salvarme.
-Chicos los busqué por todos lados, vamos- y aproveché para ir hablando con él de cualquier cosa intentando evitar hablar con Flavia de que fecha era hoy. Ángela por su parte la entretuvo lo mejor posible. Toda la tarde se la paso hablando y riendo con Ángela, yo le hice creer que salía con Pedro, mientras que Ángela le hacia creer que como yo me había olvidado harían una salida de chicas. Ella ya la llevaría a donde la estaría esperando con la lancha. Apenas terminamos nuestra farsa de que salíamos a un bar a tomar algo con Pedro, salí a toda velocidad hacia donde estaba el barco y la lancha. El hombre que llevaría al barco hasta la mitad del río ya se encontraba en la puerta del mismo.
-Disculpe la tardanza, Buenas noches- saludé con un apretón de manos.
-Buenas noches, ¿A dónde tengo que llevar el barco?-preguntó.
-Mire tiene que ir hasta la mitad del río, luego llegaré yo en una lancha, ahí puede irse- sonreí a mi plan casi perfecto.
-Muy bien, lo esperaré- sonrió mientras subía al barco y lo ponía en movimiento. Entre a la recepción para preguntarle a la mujer que me había atendido a la mañana para ver cuando llegaría el hombre de la lancha, justo en el momento que estaba preguntando entro por mi espalda. Pedí permiso para ir al baño donde me cambie con un traje blanco y busqué en la camioneta el ramo de flores que había preparado. Luego me dirigí hacia la lancha donde el hombre esperaba.
-¿Ya vamos?-preguntó.
-No tenemos que esperar a mi novia- sonreí- hoy cumplimos un año.
-Felicitaciones.
Y en ese momento apareció el auto de Pedro. Bajo Flavia mirando para todos lados y preguntándole algo a Ángela, por supuesto, no entendía que hacían. Ángela me señalo y ella se dio vuelta. Apenas me vio puso los ojos como platos y una sonrisa se dibujo en su rostro. Se acercó corriendo hacia mí y me abrazo.
- Jamás me olvidaría que día es hoy- susurré. Ángela guiñó el ojo y se fue a toda velocidad. –SI me permites señorita- le extendí la mano para que entrara a la lancha. El hombre arrancó y nos llevó a toda velocidad.
- ¿A dónde vamos?-preguntó mientras se corría el pelo de la cara a causa del viento.
- Sorpresa- sonreí. Cada vez nos acercábamos más y más al barco. Con las luces que Pedro le había puesto rato después de salir del instituto, hacia que brillara como un crucero. Flavia sonrió al verlo. El hombre amablemente nos ayudo a subir al barco mientras él que estaba conduciendo el barco subía a la lancha, minutos después ninguno de los dos estaban. Flavia miraba cada detalle con suma atención. Supe que se había quedado mirando la mesa con las velas prendidas.
- Esta hermoso Ja- susurró emocionada.
- Todo por vos Princesa- se dio vuelta para mirarme. Acerqué mi frente hasta que chocaron- Feliz año- susurré- te amo.- acercó sus labios a los míos y nos besamos. Comimos unos ñoquis que obviamente había preparado yo. Luego bailamos un rato entre el circulo de velas y flores y me acorde del ramo de rosas que le había comprado. Lo había dejado apenas entramos al barco, se me había olvidado dárselo. La dejé en la mitad del lugar y fui corriendo a buscar el ramo y los anillos. Supuse que era el mejor momento de pedirle casamiento. Me acerqué a ella con las manos en mi espalda, ella me miraba dulcemente. Cuando solo estuve a centímetros de ella extendí el ramo de rosas. Sonrió y lo agarro, mientras las olía, una de mis rodillas cayó al suelo. Me miró sorprendida. Mi otra mano que antes estaba en mi espalda ahora estaba extendida hacia ella. Agarró la cajita de mi mano y la abrió, se quedo observando los anillos por un rato luego corrió la vista hacia mi y vi que en sus ojos había lagrimas que querían salir pero se resistían.
-Flavia, prometo amarte y cuidarte por el resto de mi vida- en ese momento la primer lagrima salio de sus pequeños ojos grisáceos- ¿te queres casar conmigo?-pregunté casi en susurros. Ella se tiro a mis brazos.
- Siempre- juró.
lunes, 6 de julio de 2009
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