Ese día nos levantó mi madre, a ella le encantaba ir temprano a la playa y disfrutar de la mañana, habíamos quedado que nosotros la acompañábamos obligatoriamente todas las mañanas a la playa pero que después de comer nos podíamos ir a donde queramos. No era mucho sacrificio, en realidad si nos dormíamos muy tarde, nos levantábamos, íbamos a la playa y seguíamos durmiendo ahí, yo siempre lo hacia, siempre que íbamos a ese lugar. Nos levantamos perezosamente, nos vestimos, desayunamos una torta que había echo mi mamá, anda a saber cuando y nos fuimos a la playa. No había nadie cuando llegamos, va con decir nadie me refiero a diez personas, porque a la tarde se llenaba como locos, el máximo de personas que había visto durante el verano en la playa eran 250 personas, pero igual ahora era invierno, y generalmente habían solo 50 personas máximo. Yo estaba muerta del sueño, apenas llegamos me acosté en la toalla, ni si quiera se que hizo Jacinto, me dormí. Me levante a eso del mediodía, va en realidad me levanto Jacinto, ya era hora de comer, luego nos íbamos a recorrer el lugar, teníamos un cuatriciclo sin usar nuevito en el garaje, y mi madre no dejaba que mi hermana lo maneje, así que era como un regalo de Dios para nuestra salvación, y cuando digo nuestra me refiero a Jacinto y a mi. Comimos unas pizzas, sinceramente horribles, nunca había probado cosa más fea que esas horrendas pizzas, el queso parecía vencido, tenia tomate que recalzaba y unas cosas amarillas que anda saber que eran, me dio tanto asco que comí dos porciones y a la fuerza, mi madre se dio cuenta que no me gustaban, y al rato me di cuenta que a ella tampoco por las caras que ponía, si me explico mejor solo a mi hermana le había gustado, o era la única que sabia disimular. La cara de la amiga de mi hermana era lo más gracioso que había visto en mi vida, tenia una cara de horror y asquerosidad increíble, y para colmo le hacia señas a mi hermana y ella ni cuenta se daba. Espere a que Jacinto termine de comer, que como yo ya sabia cuando algo no le gusta demora muchísimo, estuvimos exactamente una hora y media comiendo algo que a ninguno le gustaba.
-Mami nos vamos- me despedí de mi mamá y agarre de la mano a Jacinto
-¿A donde hija?- me preguntó decidida a no dejarme ir
-Vamos a andar en cuatri a las dunas
-Bueno lleven casco, a las 18hs en la casa- advirtió ella
-SI mami, no te preocupes- y nos fuimos, casi corriendo.
Había un solo lugar en Carillo que nos dejaba andar por las Dunas, que era Motorad, un lugar que era solo para eso, ahí se llenaban de cuadriciclos y chicos, donde veías por todos lados a alguien andando, y no quedaba muy lejos de la casa en la que estábamos nosotros, y menos de la playa en la que nos encontrábamos, siendo más exactos quedaba a un costado de la misma. Cuando buscamos el cautriciclo en la casa aprovechamos a cambiarnos, se había formado mucho viento, y el toque que hacia la arena en la piel cuando había ese clima era algo realmente insoportable. Me puse el pantalón blanco que me habían regalado para mi cumpleaños con una remera de minie y un buzo negro, además de las zapatillas. Nos subimos al cuatro, él no sabia manejar por lo tanto yo iba en la parte de adelante. Nos pusimos los cascos, encendí el cuatro y nos fuimos a una de nuestras aventuras.
Ese día a la casa llegamos exhaustos, lo único que hicimos fue bañarnos, comer una sopa e ir a acostarnos. El día había sido largo, muy largo, pero entretenido. Esa noche me costó dormirme no solo porque Jacinto roncaba si no porque me había llegado un mensaje extraño de Valen, no sabia si contestarle o no, decidí que si, era lo mejor. Su mensaje decía “Flavio tenemos que hablar, es muy importante.” Yo le contesté “Cuando vuelva a Santa Fe, dale?” apenas lo termine de enviar él me contestó, “OK, pero ¿Dónde estas?” cuantas explicaciones tenia que darle, “En carillo” y luego apagué el celular, era tarde y tenia sueño.
Al otro día me despertó Jacinto, me contó que mi madre se había ido, que me había visto tan dormida que no quiso despertarme, pero que eran las doce y él decidió levantarme ¿Doce? ¿Cuánto había dormido? Otra vez mi organismo me impresionaba. Nos fuimos a la sala de juegos, él se conecto a Internet y yo me puse a leer un libro que estaba en la biblioteca, “caídos del mapa”, para mi gusto era medio infantil pero me gustaba, era algo entretenido. Creo que pasamos toda la tarde así, porque cuando nos sentamos a ver TV ya era de noche. Mi madre llego a eso de la madrugada, cuando nosotros estábamos viendo una película muy interesante. Mi hermana nos sacó el control remoto y llamo a su amiga, con Jacinto decidimos ir a nuestra habitación.
Esa noche nos quedamos hablando hasta muy tarde, organizando que íbamos a hacer los pocos días que nos quedaban, decidimos ir a la playa las próximas mañanas y algunas tardes, pasear por el centro y sobre todo ir a los Boliches a Pinamar. Cuando terminamos de hablar como siempre le pedí que me cante la canción que había inventado para mí, y abrazada a él con su dulce voz en mí oído, me dormí.
Al otro día a la mañana fuimos a la playa, intente tomar sol, pero fue inútil, era de esos días en que Jacinto estaba un poco histérico, y estaba molesto todo el tiempo. Me acostaba a tomar sol y él se me acostaba arriba o me tapaba el sol, o me alzaba y me llevaba al mar, por un lado que esté así estuvo bueno porque necesitaba divertirme.
Esa noche para decir la verdad llegamos más que cansados, luego de comer al mediodía nos habíamos ido a caminar toda la playa, y habíamos llegado hasta la playa de Pinamar, ni descansamos que volvimos, mitad corriendo mitad caminando, saludamos a mi madre que se quedaba a la fiesta playera con mi hermana y su amiga y nos fuimos a la casa, como lo habitual nos bañamos así nos sacábamos toda la arena de encima y nos preparamos la comida más sencilla posible, la sopa. Luego de comer él se fue a la habitación y yo me quede a lavar los platos, recuerdo que cuanto terminé me di la vuelta para ir a la habitación, pero Jacinto estaba justo detrás de mi y me agarró de la cintura, me dio un beso, y me susurró al odio.
-Te amo mucho preciosa
-Yo muchísimo más
Después de decirle eso el me agarro mas fuerte de la cintura y dándonos besos llegamos hasta nuestra habitación, que apenas estábamos ahí el cerró la puerta de una patada y caímos abrazados en la cama. Me comenzó a hacerme cosquillas, el sabia que ese era mi punto débil, me podía llegar a dejar de una manera inconciente, era algo que no podía evitar. Luego de jugar un largo tiempo a la guerra de cosquillas, pasamos a la guerra de almohadas y al rato caímos ya sin fuerzas a la cama y nos quedamos mirando el techo, no recuerdo bien cuando ni como pero me dormí.
El sábado a la noche íbamos a ir a Pinamar a uno de los mejores boliches. Luego de bañarnos y jugar otra vez a las cosquillas decidimos vestirnos, yo me puse un short blanco que parecía de seda y una hermosa remera celeste con corte princesa, ese día mis ojos eran de un color turquesa y combinaban con la remera, en los pies me puse unas zapatillas celestes y el pelo lo deje tal cual como estaba, me maquille un poco, más de lo que generalmente me gustaba a mi, una sombra blanca en los ojos, delineado celeste y un brillito en los labios. Jacinto se había puesto unos jeans azules oscuros, una camisa celeste como la mía, y se había levantado su hermoso cabello hacia arriba. Íbamos temprano, ya que mi hermana y su amiga iban al matinée, nosotros comíamos en el centro y luego a la madrugad al boliche, donde mi hermana ya había salido, tenia mucha suerte respecto a eso, porque jamás, por ahora, me encontraría con mi hermana en el boliche.
Comimos en un bar, que no recuerdo el nombre, unos sándwiches de jamón y queso y unas gaseosas. Luego de eso nos dimos una vuelta por todo el lugar, nos subimos al Zamba, el mejor juego que allá conocido, allá en Pinamar estaba encerrado en un lugar, y ponían la música fuertísimo, parecía un boliche, era una experiencia única y divertida. Después de haber subido demasiadas veces como para olvidar cuantas, nos fuimos al Boliche, que se llamaba KU, era enorme veces anteriores había ido, y como siempre tan social que soy me había echo amigas con las cuales pasaba toda la noche. Entramos sin problemas, generalmente a mi me pedían el documento pero como entre con Jacinto no me hicieron problemas, va no muchos, en realidad me pararon y me pidieron el documento y yo muy inteligente me lo había olvidado, Jacinto dijo que venia conmigo que era mi novio, y los policías no le creían, tuvo que darme un beso y agarrarme de la mano para que le creyeran, costó pero entramos. Esas cosas son las que no me gustaría recordar, Jacinto se me rió toda la noche de eso mientras bailábamos, y yo me enojaba y bailaba mirando para cualquier otro lado menos a él, varias veces me invitaban a bailar pero él me agarraba de la cintura y le decía que era mi novio, y para que sea mas creíble me daba un beso, casi todos lo miraban con una mirada de odio y se iban. A las 6 de la madrugada mi madre nos fue a buscar en taxi, pensó que si tomábamos no íbamos a saber ni como era la dirección, pero cuando nos busco la sorprendimos, en realidad no habíamos tomado nada, ya que ese mismo domingo al mediodía regresábamos a nuestra ciudad, y decidimos que era lo mejor no tomar. Esa mañana llegamos y nos dormimos, cuando nos despertamos eran las once de la mañana y tuvimos que hacer los bolsos. Cuando terminamos nos fuimos a la Terminal de Pinamar. Esperamos aproximadamente media hora y llego nuestro colectivo, el que nos llevaba a nuestro hogar, había sido un viaje hermoso, creo que el mejor de todos. Nos subimos al colectivo, esta vez nos había tocado a nosotros dos abajo y a mi madre, hermana y amiga arriba. Ni siquiera me fije en la gente que subía, ya que apenas sentí el suave asiento me dormí.
Cuando me desperté estábamos en mi habitación, en la casa de Paraná, no recordaba nada, pero estaba cansada, decidí seguir durmiendo.
domingo, 19 de abril de 2009
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